| Revista Amazónica. Ciencia y Tecnología|Vol. 11 No 1|https://doi.org/10.59410/RACYT-v11n01ep03-0185 |
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En los últimos años, la literatura ha mostrado que la
automatización inteligente no sustituye “empleos” en
sentido amplio, sino tareas específicas, y que este
proceso genera dinámicas complejas de
complementariedad y desplazamiento. Acemoglu y
Restrepo (2019) han documentado que la adopción de
tecnologías avanzadas tiende a reducir la demanda de
trabajo en ocupaciones rutinarias, mientras crea
oportunidades en actividades intensivas en
capacidades cognitivas y tecnológicas. Sin embargo, el
balance final entre destrucción y creación depende
críticamente del tejido productivo y del grado de
sofisticación de la economía. En contextos
caracterizados por baja inversión en I+D, mercados
laborales duales o debilidad industrial, la difusión de
la IA puede amplificar vulnerabilidades preexistentes,
acelerar la polarización y profundizar relaciones de
dependencia tecnológica.
En el caso de América Latina, se evidencia una
expansión acelerada de la inteligencia artificial (IA)
que plantea desafíos estructurales para una región
caracterizada por una matriz económica dominada por
servicios de bajo valor agregado, una débil base
industrial y sectores altamente vulnerables a la
automatización. La evidencia reciente norteamericana
muestra que, tras la irrupción de sistemas avanzados
como GPT-5 (Hosseini Maasoum y Lichtinger, 2025),
las empresas que adoptan la IA han reducido de forma
significativa sus contrataciones, especialmente en
posiciones junior, lo que anticipa un impacto más
severo en economías con baja diversificación
productiva (Violini, 2025).
Esta dinámica genera tres riesgos para la región: la
automatización masiva de servicios rutinarios, la
polarización del mercado laboral —con beneficios
concentrados en trabajadores altamente calificados—
y la persistente dependencia tecnológica de
plataformas extranjeras. Es por ello que, la región
requiere una transformación profunda basada en el
fortalecimiento del capital humano mediante la
educación científica y digital, la implementación de
programas de recapacitación y una nueva estrategia
de industrialización orientada a tecnologías
avanzadas y cadenas de valor regionales. Estas
condiciones indispensables impulsarían el cambio en
la región y permitirían aprovechar las oportunidades
de la revolución tecnológica (Violini, 2025).
España constituye un caso especialmente pertinente
para analizar esta transición, debido a la coexistencia
de capacidades científicas relevantes con una
estructura productiva fragmentada y altamente
terciarizada. Su posición intermedia en la geografía
global del trabajo tecnológico —entre las economías
que lideran la frontera de la innovación y aquellas que
dependen de la importación de tecnología— plantea
interrogantes sobre la dirección e intensidad del
impacto de la IA. El objetivo de este trabajo es
reflexionar sobre hasta qué punto la expansión de la
IA puede convertirse en un mecanismo de
diversificación productiva o, por el contrario, reforzar
un modelo económico asentado en servicios de bajo
valor añadido. La comparación con Italia y con
diversos países de América Latina, así como la
incorporación de evidencia reciente sobre los efectos
laborales de la IA en Estados Unidos, permiten situar
el caso español en un marco analítico más amplio y
ofrecen elementos para evaluar la sostenibilidad de su
trayectoria de desarrollo en el actual ciclo tecnológico.
2. El impacto laboral de la IA: una advertencia
desde Harvard
El año pasado, Philippe Aghion —reciente Premio
Nobel de Economía 2025— y Simon Bunel subrayaron
el potencial de la inteligencia artificial para impulsar
la productividad y favorecer la generación de nuevas
ideas (Aghion, Bunel 2024). Más recientemente, ya en
2025, dos investigadores de Harvard analizaron más
de 62 millones de currículos enviados entre 2015 y
2025 a 285 000 empresas de Norteamérica. Su
conclusión fue tan contundente como inquietante: tras
la difusión de GPT-5, el ritmo de las nuevas
contrataciones en las empresas que utilizan
intensivamente inteligencia artificial se redujo un
30 %, especialmente en los puestos júnior y de tareas
rutinarias (Hosseini Maasoum y Lichtinger, 2025).
Ese estudio, ampliamente difundido en la prensa
internacional, aporta una dimensión novedosa al
análisis del impacto económico de la inteligencia
artificial. Sin negar su papel como motor de la
transformación productiva global, demuestra que su
despliegue no es neutro y que puede profundizar las
desigualdades sociales existentes. Se confirma así que
la expansión de la IA generativa está reconfigurando
la estructura del empleo, al eliminar funciones
intermedias y concentrar el valor añadido en sectores
de alta tecnología y en un número reducido de
profesionales altamente cualificados. Esta dinámica
constituye una señal de alarma: las tensiones
derivadas de dicha concentración podrían verse
amplificadas por factores colaterales como las nuevas
modalidades laborales o la reorganización del tiempo
de trabajo (Gialetti, 2025). Aunque el estudio se centra
en el caso de Estados Unidos —una economía
caracterizada por su dinamismo, diversificación y
elevada capacidad de reconversión—, sus conclusiones
invitan a reflexionar sobre los posibles efectos en
economías más frágiles, dependientes o
estructuralmente polarizadas.
América Latina presenta desequilibrios históricos
entre capital y trabajo, así como entre centro y
periferia. Un análisis de esa región mostró que esa